Hablando padre e hijo

Actualizado: abr 13

Los temas que discutiremos son parte de una resonancia que es universal. Preguntas sobre lo familiar, palabras a veces difíciles o vergonzantes, que todo padre y todo hijo conocen. Una historia sobre dos hombres, uno que está envejeciendo y deja un mundo nuevo que ya no es realmente suyo y el otro, que tiene un deseo de acercarse para encontrar respuestas, que alguna vez quedaron relegadas por el distanciamiento propio de las relaciones filiales.


La película se construirá en el ascenso al Quilindaña y en la evolución de nuestras conversaciones, que se profundizará a medida que avanzamos a la cumbre. Es una película a pie, (walk movie) entre la ciudad de Quito y el volcán Quilindaña, en el que se involucran el aspecto físico y emocional de los dos como protagonistas.


En el transcurso del viaje, a medida que nos acercamos a la montaña,  mi padre se sentirá cada vez más cómodo en su elemento. Por mi parte, la evolución será ciertamente diferente, lucharé más con la dificultad técnica de escalar venciendo el vértigo, el cansancio y la conmoción de sentir la fragilidad de mi padre. Así nuestras evoluciones difieren y se cruzan, pero ambas convergen hacia un clímax, la cima. La emoción que quiero alcanzar en este momento de la película no es simplemente la de la victoria de un andinista, sino sobre todo lo que hemos construido o abandonado a lo largo de este viaje, a través de nuestros afectos.


Esta aventura también será el signo de un pasaje, un relevo de una generación a otra. Vamos a estar lejos de la ciudad, de cualquier otra preocupación que no sea la de caminar juntos, buscando llegar a la cumbre y sobre todo, por nuestra capacidad de convivir en medio de los silencios, los diálogos, los ruidos, los desacuerdos.


Las conversaciones en la montaña ocuparán un lugar importante, muchas veces propiciadas durante los descansos y, especialmente, durante las noches en el campamento. No se trata de cuestionar a mi padre, sino de asumir mi parte en el intercambio, entregándome como él lo hace conmigo, indagando sobre su visión del paso del tiempo, de su vejez, de su proximidad a la muerte, de su relación con el mundo.


La intimidad que se percibe en la historia se traduce mediante recuerdos evocados por los personajes, no dudo de que la expresividad de mi padre sea atractiva, por una cierta franqueza, por una reserva encantadora cuando se trata de comprometerse o, incluso, cuando elabora fulguraciones filosóficas. No resulta ser un arquetipo, pero creo que dentro de la película puede funcionar como tal: un hombre lleno de energía, animado y reservado a la vez que se empeña por continuar escalando.


Además, el viaje al Quilindaña implica riesgos tan evidentes como imponderables, no sólo se trata de un ascenso, sino de transitar espacios agrestes tanto en lo físico como en lo emocional, se trata de un acercamiento a las masculinidades construidas a través de una relación filial, donde el riesgo de la muerte está latente.







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 El rumor del Quilindaña

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